Conoce a Alberto Sánchez: Recuperación y revalorización del patrimonio rural

Revitalizar pueblos, recuperar la historia

Alberto SáncheZ

Preservar el patrimonio rural es mantener vivas nuestras raíces, nuestra identidad y el alma de los pueblos

Es un placer presentar a Alberto, arquitecto y amigo con una sólida experiencia en conservación del patrimonio y un gran compromiso con la arquitectura sostenible. Como cofundador de la Asociación Fuset, Alberto ha impulsado proyectos que valoran el patrimonio rural desde múltiples ángulos: social, cultural, económico y técnico. En esta entrevista, exploramos su visión y sus ideas sobre los retos y el potencial de la recuperación patrimonial en un contexto de despoblación rural.

 

Desde tu experiencia, ¿qué papel juega la arquitectura en revitalizar zonas rurales y en mejorar el bienestar de sus habitantes?

A pesar de que la despoblación rural es un fenómeno ininterrupido desde mediados del s. XX, lo cierto es que uno de los principales problemas que encuentran las personas que quieren volver a los pueblos es la escasez de viviendas con unas condiciones de habitabilidad adecuadas. Al deterioro propio del abandono se unen los efectos de muy malas reformas, realizadas sin supervisión técnica y muchas veces sin los conocimientos necesarios. La arquitectura (entendida como un arte y como una ciencia) puede y debe jugar un papel fundamental en la rehabilitación y creación de viviendas que permitan vivir en el medio rural con unas condiciones de comodidad iguales o mejores que las que encontramos en la ciudad.

 

¿Qué barreras encuentras en la recuperación y rehabilitación de viviendas rurales, especialmente en contextos con alto índice de despoblación?

Desde que empecé a ejercer como arquitecto especializado en la restauración de viviendas históricas en el medio rural, uno de los mayores problemas a los que me he enfrentado para sacar adelante mis proyectos es la escasez de profesionales cualificados que sepan cómo debe intervenirse en un edificio construido antes de la llegada de los materiales industrializados modernos. Por eso desde la Asocición Fuset por el Patrimonio Rural organizamos cada año las escuelas de técnicas constructivas tradicionales. Se trata de un conjunto de talleres que buscan formar a los distintos agentes que intervienen en la conservación y gestión del patrimonio rural, desde vecinos y propietarios particulares a técnicos y profesionales de la construcción. 

A menudo existen viviendas vacías en el entorno rural que no se venden o están en muy mal estado. ¿Cuáles son, en tu opinión, los principales desafíos en la restauración de estos espacios?

Cuando alguien decide dar el paso e invertir en el medio rural, ya sea para desarrollar su proyecto de vida en ese entorno o para tener una segunda residencia, debe enfrentar muchos retos. En primer lugar, la compra de vivienda no siempre es sencilla, no tanto por su coste sino porque muchas veces hay problemas legales (herencias no resueltas, titulares ausentes, etc.) y sociales (en algunas zonas de España vender una propiedad se entiende casi como una deshonra familiar) que lo dificultan. Al mismo tiempo, estos inmuebles suelen tener un gran tamaño, y disponen de multitud de espacios de uso agropecuario (cuadras, corrales, etc.) que no pueden rehabilitarse de forma sencilla sin renunciar a algunos de sus valores más importantes. Es fundamental entender que la forma en que se habitaban estas viviendas no es la misma en la que habitamos hoy en día: por ejemplo, quizás es buena idea mantener un suelo empedrado en planta baja, que favorece la transpirabilidad del terreno, y habitar la planta primera (la planta noble) en lugar de empeñarse en embaldosar y habitar unos espacios que nunca estuvieron pensados para ser habitados por personas, sino por los animales que transitaban por esas cuadras y corrales.

 

En términos de sostenibilidad, ¿qué prácticas consideras esenciales para conservar el patrimonio rural sin alterar su identidad?

Es fundamental entender el comportamiento higrotérmico de las viviendas tradicionales, que son mucho más permeables y transpirables que las viviendas modernas. Por eso es imprescindble entender la incompatibilidad entre los materiales modernos (particularmente los morteros cementosos) y los materiales tradicionales como la piedra, el yeso, el adobe o la tapia. Es perfectamente posible rehabilitar energéticamente una vivienda histórica sin afectar a sus valores histórico-artísticos más significativos.

 

Desde tu perspectiva, ¿cómo puede la arquitectura ayudar a mantener viva la memoria histórica de un lugar mientras se adapta a las necesidades contemporáneas?

Creo que el confort contemporáneo no está reñido con el mantenimiento del patrimonio histórico, y de hecho soy un firme defensor de que estas viviendas ofrecen unas condiciones espaciales y habitacionales que son muy difíciles de encontrar en un inmueble moderno en la ciudad. La amplitud de las habitaciones, la altura de techos en las zonas nobles y la historia que se respira entre las paredes de las casas solariegas y palacios que se encuentran en tantos pueblos de España ofrecen un escenario habitacional de enorme singularidad. Creo que un buen arquitecto es aquel que sabe apreciar esa singularidad y propone soluciones de rehabilitación que en ningún caso comprometen los valores históricos más significativos del bien sobre el que se interviene. 

¿De qué manera crees que los proyectos de recuperación de patrimonio pueden contribuir a frenar la despoblación en áreas rurales?

Nuestro trabajo en la Asociación Fuset demuestra que efectivamente el patrimonio tiene un enorme poder como motor para el desarrollo rural. De hecho, a pesar de que defendemos un análisis cualitativo del patrimonio que tenga en cuenta su valor social y cultural, lo cierto es que las métricas puramente económicas también avalan nuestro discurso: desde 2021, cada euro de financiación pública que hemos recibido se ha transformado en 7,4€ de impacto económico directo en la zona de Used (Zaragoza), habiendo generado más de 120.000€ en los últimos tres años únicamente con actividades vinculadas al patrimonio histórico.

 

¿Qué elementos del diseño arquitectónico consideras cruciales para respetar el carácter de las edificaciones históricas mientras las haces habitables y funcionales en el presente?

Cada proyecto es único: la arquitectura rural española es enormemente diversa y soy un firme defensor de que el diseño y los detalles constructivos deben adaptarse al edificio existente y a su entorno. En cualquier caso, sí creo que es fundamental prestar especial atención a la rehabilitación de carpinterías históricas, que tienden a ser sustituidas por carpinterías modernas: si una ventana ha funcionado durante más de trescientos años, ¿no sería fantástico poder repararla y rehabilitarla para que pudiera seguir ejerciendo su función al menos cien años más? En mis proyectos defiendo la rehabilitación de las carpinterías de madera, que no necesariamente resulta más costosa que su sustitución por nuevas carpinterías.

 

¿Cómo evalúas el rol de la arquitectura en la promoción de la identidad cultural y en la cohesión de las comunidades locales?

Creo que la buena arquitectura tiene el poder de ejemplificar y, de alguna manera, de sentar un precedente que pueda ser imitado. En el proyecto de Casa Solanar que realicé junto a Estudio Crearte, apostamos por rehabilitar la fachada de piedra de lo que había sido un antiguo pajar, que nunca fue enlucido ni cubierto con cal. Fue la primera casa del pueblo en la que se hizo este trabajo de limpieza y rejuntado de la piedra con mortero de cal. Tras la finalización de las obras, poco a poco otros propietarios en el pueblo han decidido hacer lo mismo en sus fachadas inspirados por nuestro trabajo. Es una pequeña victoria estética frente al uso de los aplacados de piedra artifical y de otros materiales de fachada industrializados que han deteriorado el paisaje urbano del pueblo.

¿Cuáles son tus recomendaciones para fomentar la colaboración y el interés público en la conservación del patrimonio rural?

Como arquitecto, como presidente de la Asociación Fuset, o en mi proyecto personal casadepueblo, trato siempre de concienciar y hacer pedagogía sobre la importancia de la conservación del patrimonio histórico en el medio rural. No se trata únicamente de un tema estético, sino que es un tema técnico, cultural y económico. Las malas intervenciones en patrimonio histórico resultan más caras porque terminan provocando la aparición de problemas de conservación: ¡Qué desolador es comprobar que un propietario ha invertido dinero en la rehabilitación de una vivienda sin contar con el asesoramiento adecuado! Por eso creo que es fundamental potencial el conocimiento, respeto, uso y protección del patrimonio rural para asegurar unas rehabilitaciones y restauraciones adecuadas que permitan su uso contemporáneo sin comprometer sus valores históricos más importantes. Es una tarea que nos compete a todos, desde la administración pública a la sociedad civil: el patrimonio no es sólo un recuerdo de lo que fuimos, sino una base sobre la que construir quiénes somos y cómo queremos ser en el futuro.

 
 

Fotos: Daniel Fernández y Juan Millás


Conoce

Estudio Crearte